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sábado, 26 de noviembre de 2016

Trogir y Split. Croacia

Día 5

Amanece un nuevo día en mi aventura por Croacia, y lo empiezo tempranito porque hoy toca ver otras dos ciudades, Trogir y Split.
La noche anterior había comprado unos víveres en el super, entre ellos pan y paté, y a falta de navaja multiusos (que ya viaja conmigo siempre), ni de cuchillos ni de nada me las ingenié como pude para hacerme unas tristes rebanadas contemplando aquellas tristes vistas.


 

De Sibenik a la primera parada, Trogir, había poco más de una hora de camino. 


Al llegar dejé la mochila en el guardarropa de la estación por un euro y pico creo, y me puse a recorrer la ciudad.

Trogir está construida sobre una pequeña isla de aproximadamente 1 km², y su centro es considerado como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1997.



Según el informe de esta institución: "La planta ortogonal de este asentamiento isleño data del periodo helénico y fue posteriormente embellecido por los sucesivos regidores con agradables edificios públicos y domésticos, así como fortificaciones. Sus bellas iglesias románicas se ven complementadas por sobresalientes edificios renacentistas y barrocos del periodo veneciano".

Trogir es el complejo románico-gótico mejor conservado no sólo del Adriático sino de toda la Europa central. El centro medieval de la ciudad de Trogir, amurallado, incluye un castillo con torre bien conservado y toda una serie de palacios de estilos románico, gótico, renacentista y barroco.

El castillo de Camarlengo data de 1430, y fue construido durante la dominación veneciana de Trogir para servir de residencia a su gobernador.

Se podía pagar una entrada y visitar su interior, pero yo preferí sacarle cuatro fotos desde fuera y listo. 

La principal construcción de Trogir es la Iglesia de San Lorenzo, cuya entrada oeste es una obra maestra de Radovan, y la más destacada obra del estilo románico-gótico en Croacia.


Su construcción comenzó alrededor del año 1200 y fue completamente terminada en 1589. Presenta todos los estilos arquitectónicos. 

Tampoco pagué entrada para verla por dentro, ya está bien de cobrar entradas por todo hombre!!

La ciudad desde luego es bastante bonita, tenía toda la mañana para explorarla y como tampoco es que fuera muy grande me lo tomé con calma.







Trogir molaba, y molaba mucho, esas calles empedradas, tranquilas y apretadas, esa esencia de pueblo costero tranquilo y afable...


 Ese contacto con el mar será lo que la hace tan especial digo yo, porque bonita lo es un rato.


En sus calles se pueden encontrar recuerdos y souvenires de todo tipo. Hay bastantes tiendecitas de artesanía local y de ropa, a precios de guiri claro como no podía ser de otra manera en un sitio tan turístico.

Pero vale la pena aunque sea llevarse una bolsa de gominolas. Yo no es que sea muy amante del dulce en general, ni pasteles ni bollería ni nada de eso, pero las gominolas si,siiiiiiiiiiiii! las gominolas si que molan!!! y era imperdonable no irse de allí sin una bolsita de cosas blanditas de color rojo...mmmmmmmmmmm


Antes de la gominolas me metí un pedazo de bocata comprado al lado de la estación por uno o dos euros con todos los ingredientes que habían en la parada, con el que me quedé requetebien servida.

Recogí la mochila del guardarropa y me monté en el siguiente autobús con destino a Split.



Aquí tocaba pernoctar, y me había reservado una habitación en un apartamento compartido por unos 10€ la noche .

Después de encontrarlo, porque aquello estaba en Mordor, tuve que esperar a que vinieran los dueños a darme las llaves, un ratico largo la verdad, momento que aproveché para reponer fuerzas de tanta cuesta.

Ahora tocaba recorrerse Split, así que Let's Go!

Split es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático, así como un centro cultural y turístico importante; la ciudad antigua es una joya arquitectónica  y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

La historia nos dice que la ciudad creció alrededor de la casa de descanso del emperador romano Diocleciano, quien nació cerca de allí en el año 245 d.C.

 Se retiró en el año 305 al palacio que había construido cerca de Salona y fue sepultado allí en el 313.


El palacio fortificado de Split se convirtió después en una fábrica de uniformes romanos y en el núcleo de la ciudad.

A principios del siglo VII, después de que la cercana ciudad romana de Salona fuera saqueada por los ávaros (nómadas de Asia central), los refugiados convirtieron el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo de Diocleciano en la catedral de la ciudad.

Perdiéndome entre sus ruinas me topé con un coro, y aunque no soy  amante de este tipo de música me resultó curioso escuchar sus voces como al unísono retumbaban en aquella torre...









Split basa principalmente su economía en el turismo y en la industria naval. 



Bordeando el paseo marítimo llegué hasta la oficina de venta de billetes de Jadrolinija, la compañía naviera con rutas entre varias islas dálmatas.
Mi objetivo era comprar el ticket para el día siguiente rumbo a la isla de Brac.


Llevaba todo el santo día pateando sin parar y ya tenía ganas de regresar al apartamento a descansar y a planificar el día siguiente, pero antes me volví a recorrer el centro histórico de Split en modo nocturno y sin gente, IMPRESIONANTE.







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domingo, 14 de agosto de 2016

Sibenik y Parque Nacional de Krka. Croacia

Día 4

El siguiente pueblo en visitar por Croacia era Sibenik, que no es que fuera muy turístico pero quedaba cerca del Parque Nacional de Krka, así que tocó levantarse temprano otra vez para hacer el trayecto en autobús y aprovechar bien el día!



Me costó bastante encontrar el alojamiento que había reservado en pleno centro del pueblo, ya que la parte antigua era totalmente peatonal y con mil callejones y escaleras en las que uno se pierde fácilmente, suerte que no era muy grande.


Reservé en el Hostel Old Town 1819, el alojamiento más barato del viaje, a 10 euros la noche en habitación  individual privada  PERO con el lavado compartido justo delante de la cama! Y cuando digo delante no digo enfrente de tu habitación, sino dentro de la misma al lado de tu cama!!
Por suerte en la habitación de al lado, una mixta de 6 literas, no había nadie,  porque no quiero imaginarme como hubiera sido dormir allí en temporada alta con todo el mundo entrando y saliendo de mi cuarto, así que de habitación privada nada.


La pequeña ciudad se puede dividir en tres sectores: en la parte más alta las viejas fortalezas de Santa Ana y San Juan, en las laderas los callejones estrechos y escarpados de la ciudad vieja, y finalmente la parte moderna, que se extiende en el norte y sureste.

Es prácticamente imposible no perderse por aquel lugar, y más si es la primera vez que se visita, no podía orientarme ni con los pantallazos del Google Earth, habían callejuelas que no salían ni tenían nombre ni nada!!!


Sibenik aparte de estrechas calles de piedra en la parte vieja, es un pueblo dálmata costero por lo que no es de extrañar encontrarse con gasolineras para barcos, yo que vengo de una ciudad costera grande como Barcelona la verdad no lo había visto en mi vida, que ignorante pero no tengo barco, sorry...




En un par de horas se puede visitar rápidamente, realmente esta ciudad no ofrece muchas actividades, sólo dar una vuelta por su "paseo marítimo", 




o seguir callejeando entre paredes empedradas con portones destartalados como sacados de una peli de terror.
Más vale no tener prisa cuando uno se adentre aquí, ni miedo...:)






La parada en Sibenik la había hecho principalmente porque quedaba cerca del Parque Nacional de Krka, un lugar lleno de verdor y agua como los Lagos de Plitvice, pero con menos cascadas y con el añadido de poder bañarte en ellas.

Para llegar al parque tenía que coger un autobús hasta Skradin, una pequeña ciudad situada a unos 15 km de Sibenik, a lo largo del río Krka. 




Una vez allí hay que coger uno de los barcos gratuitos que salen hacia el parque.


Yo ya estaba viendo por la hora que no me iba a dar tiempo de ver mucho y efectivamente cuando llegué quedaba media hora para que cerraran, y eran las 3 de la tarde!!!

Así que con toda la pena del mundo no pude entrar, me di media vuelta y regresé a Sibenik.


Otra vez en aquel pueblo laberíntico me dediqué a perderme a propósito en él, y de casualidad llegué a su catedral, la Catedral de Santiago, lo más significativo del lugar y que forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde el año 2000.


Tras un paseíto y un poco de shopping en las pocas tiendas que habían, me fui a contemplar el atardecer frente al mar, dado que no tenía muchas más opciones para hacer.


Y para cenar, en un pueblo costero como en el que estaba, nada mejor que unos spaguettis con marisco. Muy ricos la verdad!!!



Con el camino aprendido regresé a "la habitación de color azul" a descansar y a poner el despertador temprano para el día siguiente cambiar de nuevo de lugar y dirigirme a Trogir y Split.
Vaya una maratón de viaje me estaba pegando, desde luego esto sí que no es descansar...


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