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lunes, 1 de octubre de 2007

Hero y Leandro



Cierto día ocupándose de unas tareas, Hero vio al bello Leandro, que humildemente había llevado sus ofrendas al recinto sagrado. A partir de ese momento su corazón solo latía por el, éste que también había sido cautivado por la belleza de la joven le confeso su amor con la alegría de saber que era correspondido por Hero.

Los padres de los jóvenes se pusieron rotundamente al casamiento y sembraron el camino de dificultades. Finalmente, un día advirtieron muy seriamente a sus respectivos hijos que sus visitas debían terminar para siempre.

Pero había surgido un amor tan grande y puro en ellos que desobedecieron las recomendaciones de sus progenitores y lo planearon todo para seguir viéndose en secreto. Por medio de una linterna colocada en la ventana al caer la noche, Hero avisaba a Leandro que se encontraba en la orilla opuesta del estrecho, de que no había ningún peligro y el camino estaba libre para visitarla. Todo los días al ver el farol, Leandro se arrojaba ansioso al Helesponto y lo cruzaba a nado para reunirse con su queridísima Hero.

Así gozaron de su amor un tiempo, una y otra vez Leandro desafiaba la muerte en las fuertes olas del mar, animada por la recompensa de ver a su amada. Pocas horas de la noche podían permanecer juntos, por miedo a que los sorprendieran y en cuanto veía el alba Leandro volvía a su casa, pero con la esperanza de que volvería al día siguiente.

Hasta que una noche se desencadenó un fuerte vendaval que hizo apagar la lámpara por la que se guiaba Leandro. Debido a esto impidió su regreso, y el animoso joven que hacía poco había iniciado la travesía redobló sus esfuerzos pero las furiosas olas terminaron con su vida.

Al amanecer del día siguiente, Hero angustiada, había acudido a la playa intentando recibir noticias de su amado, cuando una enorme ola depositó a Leandro a sus pies ante el terror de la muchacha. Hero no pudo aguantar aquella pérdida, que lo era toda para ella y decidió marchar en su busca, arrojándose a las turbulentas aguas que apenas se habían amansado.


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