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martes, 20 de febrero de 2007

La Habana.Llegando a Cuba

Septiembre 2004

"Ya tu saaaaabes mi amol !!!!!!!!!!! "

Era mi primer viaje transcontinental, y a La Habana ni más ni menos, y lo hice con Eva, una compañera de estudios y en ese momento también de trabajo.




Todo el mundo decía que había que visitar La Habana antes de que Fidel Castro muriera para conocer los verdaderos encantos de este maravilloso país, antes de que los yanquis se hicieran con el poder y pusieran un McDonals en cada esquina. Así que de todos los destinos que podía elegir ese año, me decanté por Cuba, país que después de visitarlo repetí 4 veces más al año siguiente, y no conozco a nadie que haya ido a Cuba y que no haya repetido, o que no se muera de ganas por volver a esas calles habaneras con olor a puros y ron, y es que Cuba tiene mucha magia, Cuba es única.


La ruta era la siguiente:





Día 1

Con los típicos nervios de este primer viaje a América, partimos desde Barcelona hasta Madrid,


después de la facturación, de la espera oportuna en el aeropuerto, y de las casi 9 horas de vuelo ( recordándonos lo lejos que estaba Cuba con una serie de informaciones en las pantallas del avión )
por fin llegamos a La Habana, y nada más poner un pie en el aeropuerto lo primero que nos llamó la atención es el olor, el olor a gasolina mezclado con la humedad del mar, no sabría como definirlo, pero es un olor típico de la Habana que cada vez que he ido me ha dado de lleno en las narices, toda La Habana huele igual, un olor característico que se me ha acabado grabando en la memoria, y que con sólo cerrar los ojos, lo huelo y siento que estoy allí...




Estuvimos alojadas en el Hotel Florida, en la calle Obispo, en el mismo centro de La Habana, a un paso de todo.
El hotel por dentro era una preciosidad, todo adornado con un estilo muy colonial, y la verdad era muuuy acogedor, una pena para lo poco que íbamos a estar en él…



Nada más llegar fuimos a tomar unos mojitos a la tan famosa Bodeguita Del Medio.


La teníamos al ladito del hotel, y para tomarnos algo antes de ir a dormir y tener un primer contacto con los cubanos era la mejor opción.

Allí dejamos unas firmitas en la pared, como hace todo el mundo, y como en su día también hicieron personajes como Ernest Hemingway o Agustín Lara.




Y nos pusimos a gusto con los mojitos, a ritmo del son cubano...

No sé si fue del jet lag o de lo que cargados que estaban, pero pillamos una yuscaaaa….

La Habana nos daba su más acogedora bienvenida.



                                                                                                                  Día siguiente

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