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miércoles, 24 de octubre de 2007

Aterrizando en Roma

Octubre 2007

Ya hacía tiempo que soñaba con la idea de ver el Coliseo Romano, el Palatino, la Fontana di Trevi... así que no me lo pensé más y saqué los billetes de viernes a domingo y para allá que me fui con otra amante de las ruinas, mi madre.


Roma, la Ciudad Eterna, una ciudad por donde los siglos no habían pasado, y por donde no resultaba difícil imaginarse en otras épocas pasadas, una ciudad que no había perdido ni un ápice de su encanto clásico, una Roma donde tras cada esquina nos esperaba algo distinto y sorprendente, un arco de triunfo, una columna conmemorativa o los restos de un antiguo templo, y todo ello en el marco de una gran ciudad, moderna y única en sí misma: Roma.


La ruta que hicimos fue la siguiente:





Día 1

Elegí para alojarnos la zona de Termini, bastante más económicas que otras y bien comunicada con el resto de Roma, en el Hotel Capitol, bastante sencillo por eso pero para lo que lo queríamos ya estaba bien.


Bueno pues después de dejar el poco equipaje que llevábamos en el hotel, la primera visita fue a una de las recién nombradas 7 Maravillas del Mundo Moderno, al Coliseo romano, originalmente llamado Anfiteatro Flavio.


Lástima que para la hora en que llegamos ya habían acabado las visitas así que lo tuvimos que aplazar para el día siguiente.

Por la zona hay bastantes "romanos" disfrazados de la época para que te hagas fotos con ellos, pagando por supuesto.


Al lado del Coliseo se encuentran Las ruinas del Foro Romano, que era la zona central en torno a la que se desarrolló la antigua Roma y en la que tenían lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia.
Originalmente había sido un terreno pantanoso, que fue drenado por los Tarquinios con la Cloaca Máxima.


Ante nosotras teníamos las ruinas romanas con un montón de monumentos que a simple vista en el estado en el que se encontraban y con nuestra ignorancia en estos temas no sabíamos lo que habían sido cada una de ellos, así que agarramos la mini guía que me había sacado por internet y pudimos entender un poco mejor lo que aquello había significado en su época.







Caminando por la Vía Sacra, nos encontramos con el Templo del Divino Rómulo.
Un templo antiquísimo que la tradición atribuía al legendario fundador de Roma, estaba dedicado al hijo del emperador Majencio, muerto en el año 307 d.C.
En el siglo VI, el templo fue transformado en iglesia, la Basílica de San Cosme y San Dámian.
El templo conservaba todavía la puerta de bronce con su cerradura original.


El Templo de Antonino y Faustina.
Fue construido por el emperador Antonino Pío en recuerdo de su esposa Faustina, muerta en el año 141 d. C. El emperador a menudo decía que habría preferido vivir con ella en el desierto que sin ella en el palacio.
Después de la muerte de Antonino en 161, el senado dedicó el edificio a la memoria de ambos esposos.
En el siglo XI el templo fue convertido en la Iglesia de San Lorenzo en Miranda.
Este templo era el edificio mejor conservado del Foro Romano.


El Templo del Divino Julio Cesar, fue construido en su honor, divinizado por el Senado romano tras haberlo asesinado.
Julio César fue apuñalado cuando entraba al edificio temporal del Senado el día en que iba a ser proclamado Rey de la reinstaurada Monarquía .Su residencia se hallaba detrás, al lado de la Regia.









Delante del templo hay un altar con un nicho semicircular para recordar el punto exacto donde el "Padre de nuestra Patria" fue incinerado ante los sollozos de la plebe, y todavía hoy se recordaba con flores y ofrendas.









El Templo de Vesta.
En este templo se custodiaba siempre encendido con fuego sagrado en honor de Vesta, diosa del Fuego y del Hogar.


El Arco de Septimio Severo. Fue levantado en honor de Septimio y de sus dos hijos Caracalla y Geta.










El Templo de Cástor y Pólux. 
Antiguamente era períptero (pórticos columnados en el perímetro exterior de la cella), octastilo (ocho columnas en el frente) y con once columnas en los lados mayores en orden corintio. El podio medía unos 50 metros de largo por 30 de ancho y tenía unos 7 metros de altura, construido en mampostería y originalmente revestido con toba, que después fue retirada y reutilizada en otras construcciones.
Sólo tres de las columnas habían sobrevivido hasta el presente.



El Templo de Saturno, dedicado a la deidad agrícola Saturno.
Representaba los cimientos más antiguos conservados en la zona, construido entre 501 y 498 a. C.
También era llamado Aerarium (‘erario’) porque en él se guardaba el tesoro nacional romano.



Esta era la vista de las ruinas desde el lado opuesto al Coliseo.


Bueno pues ya nos habíamos recorrido todo el foro romano y mapa en mano fuimos en busca de nuevas ruinas.

Llegamos al Teatro de Marcelo que fue promovido por Julio César y acabado por Augusto entre los años 13-11 a. C.
Se calcula que la cávea (129,80 metros de diámetro) podía albergar entre 15 000 y 20 000 espectadores, convirtiéndose así en el segundo teatro más grande de la Roma de los Césares, por detrás del de Pompeyo.


Cruzamos el río Tíber para ver que nos esperaba al otro lado.


Y llegamos al barrio de Trastevere donde, como ya era la hora de comer nos metimos en un restaurante y pedimos unos platos de pasta, que por cierto picaban.... que te cagas!!! pues nada 1 litrito de vino entre las dos para bajar los sofocones de las guindillas y venga a seguir caminando!!


Llegamos a la Plaza de Santa María de Trastevere y entramos a la Basílica, muy bonita por dentro la verdad.


Seguimos caminando y llegamos a la Piazza Navona o plaza de los artistas, era una de las plazas más famosas de Roma y de todo el mundo por la belleza de las obras de arte presentes en la misma.
Allí se juntaban todo tipo de artistas: pintores, escultores, músicos... un deleite para los sentidos.




La siguiente parada fue la Piazza di Spagna.


En ella se encontraba la embajada española ante la Santa Sede, que daba nombre a la plaza, y la conocida escalinata que sube hasta la iglesia de Trinità dei Monti y la barroca Fontana della Barcaccia.

Una plaza llenísima de gente tanto de día como de noche, y allí sentadas en las escaleras como todo el mundo hicimos una paradita para descansar un poco que estábamos reventadas de tanto andar.







Las pateadas por ese día habían terminado, así que cogimos el metro para volver al hotel.


En los alrededores de Termini habían bastantes xiringos morubis, así hicimos unos kebabs por la zona y a dormir.


                     

                                                                                                                                              Día siguiente

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